Construyendo mentes artificiales

Todo lo que existe hoy día y todo aquello de lo que hacemos uso ha sido, en parte, o creado o modificado por el hombre. A través de los recursos que la naturaleza nos ha dado, hemos sido capaces de hacer nuestra vida mucho más fácil, siempre a través de la imaginación.

Es así, es nuestra naturaleza. Una parte del “ser” humanos nos lleva indefinidamente hacia la modificación de nuestro entorno para beneficio de nosotros mismos, para beneficio en un principio de, nuestra supervivencia.

Hasta aquí todo parece sencillo, aunque no lo es, ya que detrás hay un cerebro humano que lo idea y trabaja todo.

La cosa se complica en el momento que queremos crear, de forma completamente artificial, un ser humano, que piense, que aprenda solo …, vaya, como un ser humano. Este deseo es, para los conocimientos de hoy, ciencia ficción, una idea casi imposible de realizar, porque todavía no sabemos muy bien cómo funciona nuestro cerebro, ni como imitarlo.

No queremos crear, sin embargo, ni el ser que mejor pueda solucionar problemas del planeta, ni una máquina que gane el mejor jugador de ajedrez del mundo. Al fin y al cabo, un ser así habría sido programado para humanos.

Queremos algo que sea única y que se diferencie de los demás, que tenga la capacidad de pensar cosas que nadie piensa, que pueda imaginar y, por tanto, que pueda soñar, inventar, sentir …

Es por ello que la posibilidad de crear inteligencia artificial, de crear mentes artificiales que puedan pensar racionalmente es una utopía. Si verdaderamente existe la posibilidad de crear algún objeto físico que se pueda identificar como cerebro o como alma, nadie es todavía capaz de recrearlo.

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